jueves, 31 de marzo de 2016

PENTAMONTAÑA MEXICO, 120K 7023+


5 a.m. La Carbonera, un pequeño pueblo a dos horas de Monterrey. Hace mucho frio y dan la partida; tengo miedo de mi rodilla, aún sigo con la articulación inestable y la pierna con debilidad muscular; no arriesgo nada y me pongo al último, solo quiero llegar y llevarme esos 5 puntos para entrar al UTMB.



La carrera se llama Pentamontaña, tiene 123km y 7000 m. de desnivel positivo. Lleva ese nombre por la simple razón de tener que subir 5 montañas sobre los 3750m. y descender a sus bases de 2400m. Esta carrera es diferente y se nota, no es organizada por corredores, sino por montañistas; se nota por que eligen subir  y bajar a las cumbres casi en línea recta por terrenos extremadamente técnicos y no por senderos por donde se puede correr, tal como lo hubiese hecho un corredor.

 

 

La primera montaña es Musgo; son 12km hasta su cima, los 5 primeros son un camino de polvo trotable hacia arriba, voy despacio entre los últimos de los 110 corredores. En el km 6 se empina el camino y se pone complicado pero no técnico, algo similar al downhill de nuestro teleférico. Aquí voy pasando a mucha gente a pesar que voy lento, llego a la cumbre y obtengo mi primera pulsera sin mayores complicaciones. El descenso es difícil, un camino similar al de subida pero lleno de piedras sueltas, no me hago problema y bajo con cuidado, aún falta mucho. En el km 18 se termina la primera montaña y vienen 7km de caminos trotables mientras conectamos con la base de la segunda montaña “Viga”.
 


Empiezo a subir y esta montaña ya tiene complicaciones mayores, es extremadamente empinada y llena de piedras sueltas, al mínimo error puedes descender unos 5mts en cualquier caída. Sigo pasando gente en las subidas, esos entrenos en las montañas quiteñas ayudan mucho. Segunda pulsera en la cumbre sin mayores complicaciones y viene un gran reto, el cual lo era solo para mí. Voy en el km 32 y hasta la base de la siguiente montaña hay que descender 27km por un camino trotable, realmente este es el tramo que más me preocupa, porque hay que correr y con eso causaré mayor impacto a mi rodilla, si llego al km 60 sin dolor, esto estará casi hecho, ya que las otras 3 cumbres son las más duras pero por esa razón serán menos los lugares en donde correré e impactaré a mis articulaciones.


  En el descenso me encuentro con un atleta de mi sequito, es Ironman y los 28 km pasan volando mientras conversamos del inclemente viento y clima que suele haber en el Ironman de Cozumel. Mi intención era correr con el amigo Ironman hasta el final, pero en el abasto del km 60, justo antes de subir a la tercera montaña “Coahuilon” me indica que va a subir despacio, que continúe solo. No me queda de otra y salgo después de enterarme que estoy en la posición 15, esto me alegra, pensé que iba cerca del puesto 50, pero estoy más adelante de lo que me imaginaba.

 

Estamos en la mitad de la carrera y apenas hemos cruzado dos montañas sin mayores complicaciones y esa es una trampa que tiene esta carrera, las tres peores montañas, las más técnicas, las más altas están en los segundos 60km de la carrera, y los tenemos que hacer en la noche con frio y mucho desnivel incluido.

 

Empiezo a subir la tercera montaña y el ritmo ya no es el mismo, pero es duro para todos; más de lo mismo, trazados fuera de senderos, llenos de piedras sueltas y en dirección casi vertical hasta la cumbre. Llego a la cumbre y la noche empieza a tocar nuestros cuerpos, desciendo por el mismo camino lo más rápido posible y me caigo varias veces, el camino es muy complicado. Llego al km 84 en la posición 11 y aquí empezaba otra historia, empezaba la subida a “Martha”, la penúltima montaña, la más alta y técnica de todas, en la noche y con mas de 15h de esfuerzo en el cuerpo.

Empiezo a subir Martha, son 9km de ascenso vertical, los dos primeros kilómetros son similares al Down Hill del teleférico, no me causa mayores problemas y me ubico en la posición 10. A falta de 7km para la cumbre el camino se pone inclemente, más de lo mismo, subida vertical y piedras sueltas, el cansancio me gana y empiezo a tener sueño, me veo en la necesidad de parar varias veces a dormir aunque sea un par de minutos. Vamos más de 15h de competencia, ya estamos en la obscuridad de la noche y del frio, y aún faltaran unas dos horas para la cima, me siento como si tuviese mal de altura, lo cual es raro porque estoy acostumbrado a entrenar en estos niveles de altitud. Los ojos se me cierran, tengo mareos y nauseas.

La cumbre de Martha es singular, primero llegas a una cumbre de 3700, de ahí desciendes unos 50 mts y subes a la propia cumbre de 3750mts. En este descenso entre las dos cumbres, ya no puedo más, estoy cansado y mareado, van más de dos horas que no me alimento porque el estómago lo devuelve todo, me siento a dormir 15 min. Al despertarme me doy cuenta de lo tan mal que voy, estoy desorientado, tengo dos cumbres en direcciones distintas y no se ha cual ir. Inconscientemente voy a la cumbre de la izquierda, esta todo obscuro y solo se ve las pequeñas cintas reflectantes. 10 min después me encuentro con el leñador de mochila verde (con cariño y respeto, era el atleta que venía una posición detrás de la mía y tenía una frondosa barba montañera); seguro me pasó cuando estaba descansando, pero al preguntarle me indica que aún no llega a la cumbre, la cual está al otro lado. Yo estaba en dirección equivocada, regresando el camino sin haber hecho cumbre y sin tener mi cuarta y más preciada pulsera. Me pongo detrás de él y lo único que me fijo es en su mochila verde y no perderla de vista. Llegamos a la cumbre y estoy peor que antes, cansado y mareado, totalmente desubicado a eso de las 3 ó 4 de la mañana en lo alto de una montaña y con un inclemente frio. Me siento en una piedra y empiezo a temblar, los chicos de la organización me ponen una manta térmica y mejoro en algo pero sigo con frio, me ofrecen descansar en su carpa y les acepto sin dudar, entro a la carpa, a un tibio sleeping, el frio se me va y me desconecto después de decirles que me despierten en 20 min. Cierro los ojos y parece pasar un segundo, y me despiertan “Amigo ya paso 20 min despiértate·”, les digo que me regalen 10 minutos más y así lo hacen, cierro los ojos y un segundo después los 10 min han pasado y me vuelven a despertar. Salgo de la carpa caliente, y el frio es muy fuerte, me pongo a temblar inmediatamente; sigo desorientado, les pregunto por dónde debo ir, me señalan una cinta naranja y la engancho, voy hacia ella. Desde ese momento mi objetivo no era llegar al abasto 5km más abajo en el km 98; mi objetivo era solo llegar a la siguiente cinta naranja a menos de 10mts.

Los kilómetros técnicos que subí, ahora los tengo que bajar, y mientras más desciendo, menos me caigo y más me despierto, recuerdo que en la cumbre al salir me dijeron que iba en la posición 13, perdí 3 puestos en esos 30 min de sueño, pero la verdad no me importa, ahora solo quiero llegar al abasto.

Se termina la parte más técnica y quedan dos km para el abasto, 2km similares al downhill. Me encuentro consiente 100%  y alcanzo a los tres atletas que me habían pasado, los paso y recupero el puesto 10 sin la menor intensión. A 1 km del abasto, me pasa corriendo a una velocidad estrepitosa otro atleta leñador de licra 2xu (perdón, pero es la única forma que los recuerdo). Llegamos al abasto y ahí nos encontramos todos, los dos atletas que me habían pasado en el descanso y los dos leñadores con  su pinta montañera 100%. Estamos en el km 98 y lo más duro ha pasado, desde aquí viene algo sencillo técnicamente, 25km similares al chaquiñán. Esto ya está, aunque camine todo, llegaré sin problemas y obtendré mi mayor objetivo, esos preciados 5 puntos.


 

Sale el leñador de la mochila verde del abasto y salen disparados los otros dos atletas que le seguían, me doy cuenta que ahora el objetivo no es llegar, es luchar con estos chicos duros por el top 10. Salgo disparado atrás de ellos, y atrás mío sale el otro leñador con la mochila en una mano y la chompa en la otra, nadie quería regalar nada.

Es una bajada de 3 km antes de internarnos en la montaña otra vez, y en este tramo alcanzo a los 3 atletas de al frente, no tienen reacción y se quedan atrás, minutos después me pasa el leñador de licra 2xu a un ritmo que parecía ir a 4 min el km, no tengo reacción y no puedo seguirle, me quedo en la posición 10; el atleta de la posición 9 se me aleja por adelante, y los atletas de las posiciónes 11 y 12 se me alejan por detrás,

Estos últimos km voy solo, no hay subidas brutales, lo cual lo hace un trazado aburrido, voy casi 24h de competencia, y solo voy enganchando una cinta naranja con otra, durmiendo un minuto o dos cada media hora, y así avanzo lento pero seguro. Llego a la última cumbre, kilómetro 113, me colocan la última pulsera y me dicen que solo quedan 10km de bajada y que el anterior atleta pasó hace 15 min. Será imposible alcanzarle, sobre todo por como corría y seguro debe estar volando los últimos 10km.

Por desesperación aprieto el ritmo, ya quiero llegar, es un camino de polvo y piedras que se puede correr, miro el Pace y estoy bajando a 5 20 el km, que lindas que son estas carreras, mueres y naces varias veces en estos trazados, hace unas horas no podía dar ni un paso en las cumbres y ahora sobre el kilómetro 110 estoy corriendo.

Habré recorrido unos 4 km y me sorprendo al alcanzar al atleta leñador de la licra 2xu y a otro atleta que bajan juntos conversando a un ritmo lento, ahí estaba el puesto 9 y 8. Tomo la decisión de apretarles, seguro con 115km en las piernas no tendrán reacción y no me seguirán. Ya más adelante aflojare y listo.

Los saludo y los paso, ellos toman una reacción diferente a lo que esperaba, se me pega uno alado y otro atrás, no tenían la más mínima intención de ceder 1cm de carrera, y tienen razón; vamos desde hace casi 10 horas en nuestras respectivas posiciones, no van a dejar que en los últimos kilómetros se los arrebaten. 

El leñador pisa el acelerador y el reloj marca 4m 10seg el kilómetro, pensar en correr a ese ritmo después de 24h de esfuerzo y más de 115km se me hace una locura, pero aprieto y no me quedo, momentos después recuerdo esas lindas fotos de amistad que existen en la meta y compartiendo la llegada entre atletas, pienso que sería bueno entrar a la meta de esa forma con estos guerreros, es más seria un orgullo que me ayuden a flamear mi bandera en meta. Me regreso a verlos para decirles que bajemos el ritmo que entremos juntos (ahora me doy cuenta que ya no podía más y por eso tome esa decisión) y observo una imagen que no se me olvidara jamás, el leñador con los ojos perdidos, con los labios torcidos y con saliva entre sus barbas, apretando lo más que podía mientras vaciaba todos sus recipientes de líquido para cargar el menor peso posible e ir más rápido. “Hay hijue madre, estos manes no van aflojar, a matar se ha dicho” es lo que pienso en ese instante y me doy cuenta que estos amigos han dejado de ser montañeros romanticos y se han transformado en atletas puros y duros, están dispuestos a todo y darán guerra hasta el final de estos 123km.

4km para meta, codo a codo a 4min el kilómetro después de tremenda paliza, siento que me estalla las piernas y siento como se me levantan varias uñas de los pies, y los amigos no aflojan, dan guerra. A 3km ya se ve el pueblo en donde está la meta, hago mi último jalón y si aquí no se quedan, me quedare yo. Y se separan 100mts, y mantenemos esa distancia  por 2km que parecieron un infierno, si aflojo un poco, me dan cacería, así que a  morir hasta el final.

Entro al pueblo y giro varias veces en las esquinas, con la esperanza que aparezca la meta; en la cuarta esquina giro y al fin meta, seguro aquí los amigos apretaran así que acelero lo más que puedo los últimos 200mts, logro sacar mi pequeña bandera del Ecuador unos metros antes y meta, posición 8. 
 

Segundos después llegan los amigos tambaleándose, y nos damos un abrazo al borde las lágrimas, puede haber pasado miles de cosas en las ultimas 24h en los más de 100 km recorridos, pero el resumen de todo nuestro esfuerzo y locura lo tuvimos en esos últimos 5km que lo dimos absolutamente todo, llegamos vacíos y destruidos, y eso nos daba una absoluta paz fundidos en un gran abrazo entre los 3. Sin duda el mejor momento del día, y la mejor recompensa que pude haber tenido, compartir ese abrazo con estos atletas montañeros con nuestros cuerpos tambaleándose. 
  

Este a sido el ultra más complicado  y técnico que he corrido sin duda, pero sin el dolor de las articulaciones  cualquier complicación es manejable, espero que lo que viví con mi rodilla en el UTMB  y en los 230 k de Brasil no vuelva a suceder nunca más.

Muchas gracias a mi esposa, padres, sobrino y hermanas por compartir mis locuras y sueños. Además a mi esposa por apoyarme en las miles de horas que prepare esto; tanto entrenando, planificando, analizando perfiles, material y tantas cosas locas;  pero sobre todo, gracias por compartir mis miedos. El regreso al  UTMB ahora si está muy cerca.