jueves, 7 de enero de 2016

Ultra Brasil


El objetivo de ir a este Ultra estaba muy claro, conseguir los puntos (4) que faltaban para acceder al sorteo del UTMB 2016. Tenía dos alternativas para decidir a qué carrera ir, una alternativa era una carrera en España de 120km con 6000 de desnivel y la otra alternativa eran los 230 km en Brasil; porque escogí Brasil? Fue cuestión de estrategia, seguía mal con mi rodilla después del UTMB y existía la posibilidad que el dolor aparezca nuevamente; si iba a España, era una distancia mucho menor pero seguramente tendría problemas en terminarla debido a los descensos; por el contrario en Brasil, que a pesar de tener 110km extras, podía cojear todo lo que sea necesario al ser en la playa, aunque esto signifique días de dolor durante la carrera o lo que es peor, lastimar mi rodilla más de lo que ya estaba.

El viaje fue muy largo (24h aproximadamente), Chui, el lugar de la carrera está en el límite sur con Uruguay, así que encontré el viaje menos largo vía Buenos Aires-Montevideo-Chui.

La Carrera sale del límite con Uruguay, nos paramos en la largada 80 competidores, estoy entre los más jóvenes, todos son gente curtida por los años y por los kilómetros, hay varias camisetas de la Marathon de Sables y Noserman entre los participantes.

 

Dan la partida y los 80 competidores se dividen inmediatamente en dos grupos, los que salen trotando y los que salen caminando, me uno a los primeros, mi estrategia será correr 10 min y caminar 5 min, y así espero llegar por lo menos hasta el abasto del km 140, donde seguramente estaré muy cansado y caminare los últimos 90km.


El clima en la salida es perfecto, son las 6 am y serán unos 20 grados que irán subiendo con el pasar de las horas, todo va perfecto hasta llegar al km 40 en donde el dolor de la rodilla aparece a falta de 190km; cambio la estrategia, correr 5 caminar 5, y nada, el dolor aumenta pero puedo soportarlo en algo exagerando la pronación de la pierna afectada. Kilómetros después tendría que poner la pierna totalmente recta para que el dolor desaparezca, pienso en que seguramente tendré que retirarme, me entristezco no por esta carrera, sino porque existe la posibilidad que no vuelva a correr.

Son 230km por una playa desolada, sin pasar por ninguna ciudad o pueblo, la única vida que se ve es cada 50km (8-10h) que aparece la organización en unas pequeñas carpas para comer y dormir, llego a la primera carpa y los doctores me vendan la pierna mientras me alimento, me preguntan si voy a continuar, les contesto que sí, aunque internamente no sé hasta dónde llegue con la pierna así, quedan dos días de competencia y aparte del problema físico, el paisaje es agobiante y monótono, ni una casa, ni una persona, solo arena al frente y mar a la derecha, lo único que cambia es la posición del sol y aún me quedan 180km.

Del km 50 al km 90 en donde estaba el segundo abasto es la etapa que más dudo si lo lograre, la pierna me sigue doliendo y el camino es eterno. Llego al abasto y descanso mientras me alimento, no es un abasto convencional, con barritas y geles, aquí hay comida de verdad, cada atleta tiene un plato de arroz con pollo o carne, mas frutas, isotónica y comida para veganos. Serán las 8 de la noche aproximadamente, llevo unas 14h de competencia y me encuentro con varios atletas durmiendo, se asombran al ver que me alimento, me pongo el impermeable para afrontar la noche y salgo, me dicen que descanse pero no les hago caso, voy a cojear el resto de la carrera y no puedo regalar tiempo, me marcan a la salida y soy el atleta número 15 que sale del abasto, tenía 65 atletas atrás pero increíblemente iba a mantener esa posición hasta el final. Aquí en el km 90 empieza la carrera de verdad, el frio de la noche y la lluvia seria el culpable que el 80% de atletas abandonen la carrera.

Mi idea de playa ecuatoriana me juega una mala pasada, para nosotros playa es sol y calor, en esta parte del hemisferio es diferente, en el día puede haber 35 grados de temperatura, pero en la noche suele llover y la temperatura puede caer hasta los 0 grados, y yo solo traje el impermeable que era material obligatorio, el frio me empieza a calar los huesos.

La noche empieza a pasar y en el km 105 más o menos observo atrás y no viene ningún atleta en kilómetros, observo adelante y veo una luz que viene en dirección contraria, se me acerca un brasileño tambaleándose y me dice “abortar, abasto” y se regresa con dirección al abasto que esta 15km atrás, el abasto siguiente está a 30km, así que es razonable si quiere abandonar.

A las 3 de la mañana se pone horrible, empieza a llover, hay vientos de frente de 45km/h que traen una mezcla de lluvia y arena que golpean contra mi cara, quedan 3 horas para que el sol salga y mientras el amanecer se acerca, el frio y el viento es más fuerte, empiezo a desistir, empiezo a temblar entre la lluvia en la soledad de una playa desértica, por la fuerza del viento no puedo comer ni beber, me siento vulnerable y en peligro, así que pido ayuda; “Dios ayúdame, no quiero morir aquí, envíame algún vehículo de la organización, me quiero retirar”. Parece que Dios me escucha y 5 minutos después aparece una ambulancia entre la lluvia, se abre la puerta y es María, la doctora que me ve muy asustada y me dice “Raúl tienes frio? Súbete” doy un paso hacia la ambulancia y me acuerdo de las palabras de mi esposa “Tienes que llegar, recuerda que es tu ultima oportunidad de ir al Mont Blanc”; retrocedo y sale de mi boca con una sonrisa “Estoy bien María, voy a continuar”. La ambulancia se va hacia atrás donde están los demás competidores y siento miedo al verla alejarse, hasta que regrese serán unas 3 horas, en ese tiempo todo puede pasar. El frio y la lluvia no dan tregua alguna, y tengo principios de hipotermia pero sigo avanzando, pararme sería peor.

A las 5 de la mañana aproximadamente, me encuentro mal otra vez ya que es la peor hora, casi no puedo caminar por la fuerza del viento y la lluvia de frente, y converso con Dios otra vez “Dios ya sé que me mandaste la ambulancia, perdón por necio, ahora si me retiro, esto está fuera de control.” Y Dios parece volverme a escuchar, y me da otra oportunidad, minutos después viene de atrás un camión de la organización, María está en el y me vuelve a decir entre gritos por la lluvia, “Raúl súbete” ahora en una forma más autoritaria. Y otra vez mi boca dice lo que mi cabeza no le ordena “No María, voy a continuar”.

El camión se va y puedo ver en su parte de atrás a decenas de atletas temblando con unas miradas que no me olvidare jamás, parecería que no tenían alma, completamente perdidos con la mirada en el vacío. Al instante parecería que empiezo alucinar y siento a Dios hablándome sobre mi hombro “Te envié ayuda dos veces y no la tomaste, no me culpes si algo te pasa” y el viento sopla tan fuerte que me pongo en cuclillas para no caerme y veo las pequeñas luces rojas del camión alejarse.

No puedo avanzar, no sé qué hacer ni se en que kilómetro voy, y veo a mi izquierda un par de luces que me llaman, me acerco a ellos como puedo tambaleándome entre la lluvia y el viento, y me encuentro con dos brasileños protegiéndose de la tormenta detrás de unas piedras, no nos decimos una sola palabra pero sabemos que hacer, nos sentamos, nos abrazamos detrás de las piedras de una duna y nos cubrimos con una manta térmica, inmediatamente me desconecto y me duermo.

Una hora después, abro los ojos temblando a pesar que la lluvia y la noche han pasado, el sol empieza a salir y observo que estamos cubiertos de arena, miro el reloj, km 138, a solo 2 km del abasto. Si no me encontraba con estos amigos pude haber llegado al abasto o pude haber muerto muy cerca. Son las 6h30 y llegamos al tercer abasto, aquí están decenas de atletas retiraros. Los dos atletas con los que me encontré en la madrugada dudan si continuar y me preguntan si yo lo voy hacer, finjo tranquilidad y con un alegre y sonriente voz les digo “Claro, ya pasamos lo peor, esto ya está, en que tiempo salimos?” parecen convencerse y aceptan continuar, nos recostamos una hora para descansar y al despertarnos nos llevamos una sorpresa, la lluvia y el frio provocó hipotermia a la mayoría de los atletas, los 65 que estaban atrás están fuera, y los 13 que estaban adelante no tuvieron problemas por que pasaron la lluvia en las carpas, al parecer éramos los últimos sobrevivientes.

 

Salimos, ya estamos más de 24h en competencia y vamos en el kilómetro 140 y aún quedan 90km, tengo que motivarme de alguna forma. Aquí había un abasto especial, había dejado ropa limpia y sobre todo las cartas de mi esposa y mi madre, con las fotos de mis hermanas dándome ánimos con unos cartelones, junto con una similar de mi sobrino. Es hora de doparme, las leo, las toco y salgo como loco en un momento muy nostálgico y emocionante al mismo tiempo, hablando con ellos a la distancia y jurándoles que esto termino como sea.

La estrategia cambia, sabía que el temporal fuerte es en la madrugada, así que tendré que enfrentarlo una vez más, tengo que hacer lo que sea para no separarme de los compañeros brasileños, no quiero enfrentar otra tormenta en solitario otra vez.

Este tramo del km 140 al km 180 pasa muy lento y ahora con mucho calor, 35 grados que me deshidratan durante todo el día, los tres atletas que vamos no estamos juntos pero nos vemos, estamos a unos 500m entre cada uno y es hora de motivarse, de entretenerse como sea, han sido más de 30h viendo solo arena y conchas, nada más. Hablo en voz alta para mantenerme despierto y concentrado, repasando una y otra vez mi estrategia, conversando con mi esposa y sobrino a la distancia, avanza no te duermas es todo lo que pienso.

Sol, mar, arena y kilómetros de desesperación es lo único que hay, la rodilla me sigue doliendo pero ya no me importa, ahora me duelen muchas otras partes, sobre todo los huesos de los pies. Vamos tan lento que llegamos a las 11pm al abasto del km 180 y nos habíamos tardado 12h en recorrer 40 km. En este abasto encontramos por lo menos a 5 atletas durmiendo desde no sé qué hora. Yo me tardo 1h30 en comer y en curarme los pies, todo lo hago en cámara lenta.

A las 12:30 me acuesto a dormir y solo una hora después todos se levantan, yo hago lo mismo, no quiero enfrentarme solo a la helada madrugada otra vez. Los atletas se colocan pantalones y sacos abrigados, y encima se ponen chompa y pantalón impermeable, ellos sabían a los que venían, yo no; me coloco mi único impermeable y acomodo una manta térmica en mi pecho para que me proteja en algo, enciendo el frontal, llevo unas 44h de competencia y a luchar los últimos 50km.

Hace frio pero no llueve, eso ayuda mucho, pero con el cansancio que llevamos no podemos acelerar el ritmo y calentarnos, empiezo a temblar y un atleta brasileño me improvisa un pantalón con su manta térmica y unos esparadrapos, le agradezco eternamente. Es increíble como esa fina capa puede proteger tanto del frio.

El cuerpo no sé, pero la mente ya no quiere más, la noche se va pero el frio no, el sol no sale y el viento nos calara los huesos hasta meta, pasamos por decenas de ríos que desembocan en el mar, están helados y son un aliciente para los huesos de los pies, pero la corriente hace que los zapatos se llenen de arena y esto nos produce llagas, que lentamente nos van dañando más y más cada kilómetro.

 
 "Iva y Édio, cruzamos juntos la mayoria de los kilometros. Fueron poco más de 50h, pero parece que los conociera toda la vida. Gracias por estar en el momento y lugar justos"

Llegamos a una playa con letreros en portugués y un camión semi hundido en la rompiente de las olas, los brasileños me dicen algo, pero no les entiendo nada. Aceleran el paso y pienso que quieren dejarme atrás, inmediatamente veo con horror como mis pies se hunden en la arena; lo que me faltaba, arenas movedizas. Observo a los brasileños que mientras caminan sin parar me hacen señas desesperadas con las manos, ahora entiendo, hay que caminar rápido sino la arena te succionará. Saco los pies y casi pierdo los zapatos, acelero y logramos pasar esta playa peligrosa.

 

Estaremos por el km 200 y aún faltan 30, un amigo brasilero se pone a correr y los otros aceleran el paso, a estas alturas y con la pierna mal, no voy a arriesgar el final de la carrera, sigo a mi paso y me quedo solo. El cielo se obscurece, empieza a llover y no soporto mas, lanzo los bastones en frente mio y peleo con Dios mirando al cielo "Ya dejate de joder, si tu no me apoyas quien lo hará?" inmediatamente la lluvia desaparce y las nubes se abren dejando pasar al sol. El creador hacia su tercera apararición de poder y yo recojo los bastones riendome de tan loca situación.

Van más de 48h de competencia, la carrera y el sueño me pasan factura y es una factura muy cara, me empiezo a dormir caminando y completamente solo, esto no puede pasar, no puedo recostarme a descansar por el frio, podría ser muy peligroso, tengo que avanzar como sea. En ese instante la mente falla y veo a un niño jugando entre las olas heladas, en un playa en donde no había una población cercana en kilómetros; sale sonriendo y me dice “hola me llamo Estaban”. Me sale espontaneo en su delante “Puta Madre alucinación”, se queda jugando en las olas y metros después lo regreso a ver y el niño había desaparecido; y compruebo lo que mucho había leído  acerca del cansancio, el sueño y su relación con las alucinaciones. El sistema empieza a fallar, tengo que hacer algo.

Saco el final de mi cargamento, 2 pastillas de cafeína y 3 geles, los ingiero todos de golpe, me faltan unas 6h, y esto me despertara al menos 4h. El sistema se re establece y me despierto, aprieto el paso.

Apenas un par de horas después la mente estalla otra vez, ya no quiero más, decidido me retiro en el primer carro que encuentre. Y obvio en esta playa desolada no hay ningún carro, miro el reloj, km 215. Reacciono, como me voy a retirar faltando solo 15km, me doy cuenta que esta carrera ya está, lo tengo al alcance de mi mano, pienso que obtuve los puntos para el Mont Blanc, pero a estas alturas no tendría ningún inconveniente en no ir al UTMB, se puede exigir a la mente y al cuerpo más que esto?

 

En el kilómetro 220 me encuentro con María, la doctora que me acompaño en mi lesión y que me tentó a retirarme en la lluvia, me dice que me acompañara hasta el final y hace que me olvide lo que acababa de vivir mientras me conversa de los tarahumaras, las especies marinas de Rio Grande, y de todos los atletas retirados. Mientras vamos avanzando cruzo los últimos ríos y me cruzo con gente que sabe mi nombre y me felicita, parecería que soy el vencedor. Llego a la meta, y la comitiva de bienvenida me recibe de una forma increíble, me abrazan, se toman fotos conmigo, me felicitan, algo que se me hace muy raro.

 

 

 

La organización me lleva a su hotel, me dan una habitación para que me bañe y me siento extraño, es tan amable esta gente brasileña o que es lo que pasa? Mientras salgo de la habitación dos brasileños me felicitan y no me aguanto, les pregunto por qué tanta atención, si solo había llegado, ni siquiera había ganado; y me dicen “tú eres un guerrero, soy de la organización y te vi con tu pierna lesionada en el km 40, es increíble que estés aquí”, al parecer todos sabían esa historia y me hacen reflexionar, guerrero? O inconsciente? Creo que soy más lo segundo que lo primero, 230 km con la pierna mal, realmente es una locura, mi mente lo decidirá cuándo se cure.
………………………………………………
Limites? Puedo decir que he llegado a ellos, sobre todo a los mentales, porque a los físicos se puede llegar por el dolor, el cansancio o por una lesión, pero llegar a extremos que rayen en la locura por el sueño y el cansancio, en donde se pierda el sentido del tiempo y el espacio, eso sí son limites, los cuales me han dejado un vacío interior enorme, no puedo sentirme emocionado ni orgulloso por alguna razón. He llegado al fondo de mis fuerzas mentales y físicas, y eso ha hecho que vea estas carreras de una forma diferente; no es la distancia, el desnivel, o los paisajes lo que importan, lo realmente importante es descubrir ese Yo interior que casi nadie lo conoce, conocerlo y dejarlo que se lleve todo lo que tienes en el espíritu, pero en ese transcurso nos damos cuenta lo débiles y frágiles que somos, después de esta carrera me siento mas humano.
 Y bueno, el objetivo inicial se ha cumplido, mi esposa, padres, sobrino y hermanas me han jalado hasta la meta, pudiendo tener los puntos completos para el UTMB, aunque realmente ahora eso es lo que menos importa después de todo lo que he vivido. Esta carrera fue de esas experiencias que te remueven todo tu interior, esas experiencias que te cambian, creo que nadie puede volver a ser el mismo después de vivir este tipo de emociones y miedos.

 

3 comentarios:

GONZALO V dijo...

Raúl realmente es de admirar lo que el amor logra hasta traspasar los límites. Realmente con tu relato uno se transporta y medita sobre las decisiones que uno tomaría. Pero pienso que el llegar fue una decisión que marcará el resto de tu vida. Felicitaciones y un fuerte abrazo. Att. Gonzalo V.

Marcelo Martinez dijo...

Felicitaciones mi teniente. Un ejemplo de sacrificio y dedicación para todos. Que Dios le siga bendiciendo y enviando a sus angeles en el camino. Un fuerte abrazo

Marcelo Martinez dijo...

Felicitaciones mi teniente. Un ejemplo de sacrificio y dedicación para todos. Que Dios le siga bendiciendo y enviando a sus angeles en el camino. Un fuerte abrazo