jueves, 16 de octubre de 2014

ULTRA TRAIL MEXICO 100 Km

El deseo siempre fue cumplir los puntos para el UTMB, tenía ya 5 puntos y el objetivo para este año era la North Face de Ecuador en Junio y la North Face de Colombia en Noviembre. Al cambiar de fecha de la carrera de Ecuador para septiembre, me quedaba con dos puntos menos, ya que no puedo correr dos competencias de 80 km a mes seguido, en ese momento empecé a buscar otras posibilidades y me encontré con el Ultra de México; todo a su alrededor facilitaban mi participación, tenía tiempo para entrenar, el viaje era fácil, daban tres puntos y era de tres dígitos. Sin dudarlo y con el apoyo de mi novia me apunte.

Llegué a Huasca vía el DF y Pachuca, en un viaje muy rápido, apenas llegue al pueblito mi intención era recoger el número de competidor y encontrarme lo más rápido posible con los otros tres ecuatorianos que participaban. Las dos cosas sucedieron al mismo tiempo ya que me los encuentro en la entrega de chips y desde ahí todo fue puro ultra trail para mí.

Normalmente es difícil encontrar personas que estén tan obsesionadas con las montañas y las carreras de ultra distancia, pero los dos días siguientes volaron en compañía de Vero, Henry y Pablo, nuestra vida se limitaba a hablar de montañas, desnivel, zapatos de trail y soñar con el Mont Blanc. Se me hizo enormemente grato escuchar a Vero que deseaba que llueva para que sus Speed Cross agarren mejor, o mirar a Henry y a Pablo discutir en que abasto dejarían sus Dropbag con otro par de zapatos según eran sus expectativas de nivel técnico de los diferentes tramos. La verdad que me sentía en casa como nunca, al saber que existe gente igual o más rayada que yo, son lo máximo amigos.


El día de la carrera nos encontramos en la salida y nos abrazamos los 4, incluso Vero que se había pegado el madrugón para despedirnos, ya que ella corría a las 9 de la mañana en la distancia de 42km.

Dan la partida y este par de locos compatriotas vuelan y se desaparecen, yo me quedo sin dudar. Henry tiene una experiencia enorme en esto de los trail, por su parte Pablo es una máquina, había quedado segundo en los 60km del Ruco, sacándome más de 1h de ventaja. Así que yo a lo mío, suave, suave que esto es muy largo.



Nos esperaban 2h de obscuridad y lo que más temo es perderme, por suerte en un inicio el grupo va compacto y no tengo que estar distinguiendo ninguna marca, sigo al atleta de adelante y punto. Intento no quedarme en los primeros ríos que cruzamos, el agua esta helada pero nada que no se pueda soportar, intento no despegarme por lo menos hasta que amanezca.

Son 20km de subida iniciales y al finalizar los mismos me encuentro con Pablo, y las dudas me atacan, porque lo alcanzo? Me estaré pasando de revoluciones? O quizás Pablo más adelante acelera. Pues mientras pueda correr junto a otro ecuatoriano, simplemente lo disfrutare. Llegamos juntos al punto más alto de la carrera y disfrutamos de un paisaje increíble, seguimos corriendo por subes y bajas constantes, algo que se mantendría hasta el km 40, me limito a seguir los pasos de Pablo y llegar con él lo más lejos posible.


Llegamos al km 40 y Pablo se pone a estirar, al parecer su Fascia Lata le sigue molestando, que fea que es esa lesión, me tuvo 2 meses parado. Lleno con Powerade la caramañola y avanzo despacio, el perfil de la carrera indicaba que tocaba 30 km de bajada, en ese momento no parecía, seguían los subes y bajas constantes pero el altímetro indicaba que íbamos descendiendo de a poco.

Llego al km 50 y el bosque desaparece, se transforma en un prado gigantesco con el sol canicular y un recorrido que permitía trotar, prohibido no aprovecharlo y sigo sin parar hasta el km 60, llego al abasto y me dicen que voy en el puesto 38, es algo que me causo mucha alegría, hace apenas un año andaba esquivando los tiempos de corte, y ahora voy más adelante de lo que me imaginaba. 1,2, 3, 4… son 4 atletas los que están en el abasto, 4 atletas que habían llegado antes  a ese punto, si los paso pasaré al puesto 34, mientras ellos se alimentan, yo solo cargo hidratante y avanzo, nunca más los volvería a ver. Me doy cuenta que es una buena forma de marcar diferencia, creo que todos a esas alturas de la competencia soñamos con el abasto para buscar sombra, comer y descansar un rato. Saltarse ese tiempo muerto sí que iba a marcar diferencia, claro, a costa de un gran riesgo… sobre cargar la máquina.

Según el perfil, faltaban 10 km de descenso, pero que descenso por Dios, fue complicado hasta caminar, súper técnico y para esto soy malo realmente, y peor con el cansancio que llevaba encima, me demoro una eternidad en descender al fondo de la quebrada, hasta el fondo de un rio.

La altimetría empieza a descender y con esto, eso se pone color de hormiga, ya que al acercarse el medio día la temperatura empieza a incrementarse. Llegamos al punto más bajo de la competencia y venia la cereza les pastel, 10km de subida con un desnivel similar a subir desde la occidental hasta las antenas, pero con la diferencia que los primeros 4km fueron súper técnicos, bajo un sol canicular y una extrema humedad, la pase muy mal la verdad, ese tramo fue un verdadero infierno.


En el km 74, la subida aún tenía 6 km por vencer pero ya no era técnica, era una subida idéntica al camino de las antenas, un camino de tierra, empinado y con muchas curvas. Los kilómetros empiezan a pasar factura y no puedo aplicar mi técnica de trotar 12 min. y caminar 3min., estoy tan cansado que tengo que hacerlo 5-5.

Llego al km 80 en 11h15 aproximadamente, aquí si me siento a descansar un poco, me espera 5 km de bajada y 5km de subida, el nivel técnico no tenía ni idea y deseaba que no sea alto.

Empiezo a descender y el nivel técnico es cero, bajo rapidísimo y llego a un rio, en donde había que cruzarlo con la ayuda de una cuerda, imposible no recordar que hace algunos años murieron un par de atletas en estos ríos por no sujetarse de las cuerdas, así que me aferro a la línea de vida lo más fuerte que puedo y cruzo el rio con una corriente muy fuerte. Inmediatamente al terminar, el camino se pone hacia arriba, y si la bajada fue una delicia, esta subida es un infierno, 5km extremadamente inclinados y extremadamente técnicos, miro el pace que voy y avanzo apenas a 25 min el kilómetro, si sigo así tardaré casi dos horas en llegar al km 90. Aquí el ser finisher desaparece y solo quiero terminar esta cuesta, le meto con todo, como si faltara un par de kilómetros para terminar la carrera, no puedo negar que me paso de esfuerzo y llego vacío al km 90, aquí estaba el ultimo abasto.

Tengo que hacer algo para reaccionar, quedan solo 10 km y estoy muy cansado. Comer casi no puedo, el estómago está lleno y casi no ha asimilado la comida de los dos últimos abastos. Observo un Mini Cooper con los colores de Red Bull, me ofrecen una lata y dudo si tomarla, había leído que es malo, que te acelera los latidos del corazón y muchas otras cosas más. Miro el reloj, si camino los 10km llegaré en 15h15, se me iría el sub 15h de las manos y seguro perdería mi puesto 29 que llevaba hasta ese punto. Si corro a un ritmo soportable, es decir en 1h30 los 10 km llegaré en 14h45. Decidido, me pego el Red Bull, no dejo ni una gota en la lata y el líquido empieza hacer efecto rápidamente, no empiezo a trotar, empiezo a correr.

Los últimos 10 km podríamos calificarlos como un sendero perfecto con subes y bajas ideales para que un asfaltero entrene para una maratón (tipo Chaquiñán), pero este terreno para un Trailrunner es un terreno plano. Al encontrarme en la mitad de los segmentos, aprovecho sus beneficios, como asfaltero puedo mantener ritmos altos durante poco tiempo, y como trail runner puedo afrontar estas subidas sin problema, y esto sumado el veneno del Red Bull que llevo en la sangre, más la sonrisa de mi sobrino David clavada en la memoria junto con la imagen de todos mis seres queridos haciéndome barra desde casa hacen que vuele. 


Miro el pace y de 20 min por km que tenía antes del abasto, paso a 6, 5 y hasta 4min por km, vuelo literalmente desde el km 91 en adelante, quiero aprovechar esta motivación lo máximo que pueda, paso a 5 atletas en este tramo y me coloco en puesto 24. Si bien tengo el kilometraje en el reloj, nunca lo miro, me limito a preguntar a la gente de la organización cuanto falta, unos me dicen, 3km, otros 2km, calculo y si sigo con este ritmo puedo bajar de 14h, mantengo el 5min x km. No sé por qué no veo cuanto falta en el kilometraje del reloj y avanzo mucha distancia y ni siquiera aparece el pueblo. Se terminan los subes y bajas, y viene una subida pronunciada de unos 300mts, el efecto del Red Bull pasa y me hundo a falta de 2km de meta. Miro el reloj, 14h justas pero aún falta, la cabeza da un giro brutal y no me importa nada, solo quiero llegar, me da lo mismo 14h05 que 14h59, me arrastro en la cuesta hasta coronarla.

Termino esta última subida y el alrededor cambia, ya veo casas y gente, escucho las campanas de la iglesia, ahí en donde está la meta, ahora si estoy muy cerca, pero el cuerpo y la mente no me da para más de un trotecito muy lento, atrás quedo ese endemoniado efecto de hace pocos kilómetros.

Entro a Huasca por un camino corto de piedras y giro a la derecha, y el semblante crece al ver la meta al final de la calle y mucha gente animando antes de cruzarla, se me pegan un par de niños que me extienden sus pequeñas manos en son de felicitación, choco sus manos y siguen corriendo a mi lado, al frente toda la gente hace lo mismo y no desaprovecho ni una sola mano, es el momento más feliz de día. Y cuando pensé que era suficiente, observo que al final de la gente estaba Henry y Vero gritando y saltando felices como si fuésemos amigos de toda la vida, esa expresión en sus rostros no se me olvidará jamás, nos abrazamos antes de entrar a meta,paro el tiempo en 14h17, posición 24.






Posterior a ello me entero que Vero hizo pódium entre las todas la chicas de los 42km, con lo cual nuestra participación como ecuatorianos mejoraban enormemente, que maquina niña :). Ella mismo me lleva a una mesa repleta de tacos y micheladas, pero yo sigo desenchufado, sigo corriendo mentalmente esos senderos, sigo pensando en las piedras, los ríos, las cuestas, sigo tan fuera de si todavía, que me doy cuenta que aún estoy con la mochila en la espalda hasta cuando Henry me dice “Viejo, sácate la mochila que la carrera término”.


Tiempo después llega Pablo luchando con su lesión en una forma extremadamente valiente, aguantarse 10km un dolor es razonable, pero correr así 100km es otro nivel de determinación. Este Mont Blanc nos tiene locos a todos y al final todos con los puntos que queríamos para esa carrera, y en espera que el próximo abrazo de suerte en una salida sea en Chamonix.

En resumen final, hermosa carrera, mucho mejor la compañía de Vero, Henry y Pablo. Y mucho más grande aún la motivación que me produce el apoyo de mis papis, mi novia, mis hermanas y sobre todo mi pequeño sobrino David. Si la felicidad existe, creo que la he sentido en los últimos días, junto a las montañas, mi familia y mis amigos.

Nos vemos en Chamonix... Salud!!!!



2 comentarios:

Rubi Torres Reyes dijo...

Tus relatos siempre son conmovedores, pero este me caló el alma. Felicitaciones mi estimado Raúl. Nos sigues motivando a superar límites espectaculares. Un fuerte abrazo

IRONECU dijo...

Muchas gracias por tus palabras mi estimado Rubi, siempre serán un aliento para mi.