jueves, 16 de octubre de 2014

ULTRA TRAIL MEXICO 100 Km

El deseo siempre fue cumplir los puntos para el UTMB, tenía ya 5 puntos y el objetivo para este año era la North Face de Ecuador en Junio y la North Face de Colombia en Noviembre. Al cambiar de fecha de la carrera de Ecuador para septiembre, me quedaba con dos puntos menos, ya que no puedo correr dos competencias de 80 km a mes seguido, en ese momento empecé a buscar otras posibilidades y me encontré con el Ultra de México; todo a su alrededor facilitaban mi participación, tenía tiempo para entrenar, el viaje era fácil, daban tres puntos y era de tres dígitos. Sin dudarlo y con el apoyo de mi novia me apunte.

Llegué a Huasca vía el DF y Pachuca, en un viaje muy rápido, apenas llegue al pueblito mi intención era recoger el número de competidor y encontrarme lo más rápido posible con los otros tres ecuatorianos que participaban. Las dos cosas sucedieron al mismo tiempo ya que me los encuentro en la entrega de chips y desde ahí todo fue puro ultra trail para mí.

Normalmente es difícil encontrar personas que estén tan obsesionadas con las montañas y las carreras de ultra distancia, pero los dos días siguientes volaron en compañía de Vero, Henry y Pablo, nuestra vida se limitaba a hablar de montañas, desnivel, zapatos de trail y soñar con el Mont Blanc. Se me hizo enormemente grato escuchar a Vero que deseaba que llueva para que sus Speed Cross agarren mejor, o mirar a Henry y a Pablo discutir en que abasto dejarían sus Dropbag con otro par de zapatos según eran sus expectativas de nivel técnico de los diferentes tramos. La verdad que me sentía en casa como nunca, al saber que existe gente igual o más rayada que yo, son lo máximo amigos.


El día de la carrera nos encontramos en la salida y nos abrazamos los 4, incluso Vero que se había pegado el madrugón para despedirnos, ya que ella corría a las 9 de la mañana en la distancia de 42km.

Dan la partida y este par de locos compatriotas vuelan y se desaparecen, yo me quedo sin dudar. Henry tiene una experiencia enorme en esto de los trail, por su parte Pablo es una máquina, había quedado segundo en los 60km del Ruco, sacándome más de 1h de ventaja. Así que yo a lo mío, suave, suave que esto es muy largo.



Nos esperaban 2h de obscuridad y lo que más temo es perderme, por suerte en un inicio el grupo va compacto y no tengo que estar distinguiendo ninguna marca, sigo al atleta de adelante y punto. Intento no quedarme en los primeros ríos que cruzamos, el agua esta helada pero nada que no se pueda soportar, intento no despegarme por lo menos hasta que amanezca.

Son 20km de subida iniciales y al finalizar los mismos me encuentro con Pablo, y las dudas me atacan, porque lo alcanzo? Me estaré pasando de revoluciones? O quizás Pablo más adelante acelera. Pues mientras pueda correr junto a otro ecuatoriano, simplemente lo disfrutare. Llegamos juntos al punto más alto de la carrera y disfrutamos de un paisaje increíble, seguimos corriendo por subes y bajas constantes, algo que se mantendría hasta el km 40, me limito a seguir los pasos de Pablo y llegar con él lo más lejos posible.


Llegamos al km 40 y Pablo se pone a estirar, al parecer su Fascia Lata le sigue molestando, que fea que es esa lesión, me tuvo 2 meses parado. Lleno con Powerade la caramañola y avanzo despacio, el perfil de la carrera indicaba que tocaba 30 km de bajada, en ese momento no parecía, seguían los subes y bajas constantes pero el altímetro indicaba que íbamos descendiendo de a poco.

Llego al km 50 y el bosque desaparece, se transforma en un prado gigantesco con el sol canicular y un recorrido que permitía trotar, prohibido no aprovecharlo y sigo sin parar hasta el km 60, llego al abasto y me dicen que voy en el puesto 38, es algo que me causo mucha alegría, hace apenas un año andaba esquivando los tiempos de corte, y ahora voy más adelante de lo que me imaginaba. 1,2, 3, 4… son 4 atletas los que están en el abasto, 4 atletas que habían llegado antes  a ese punto, si los paso pasaré al puesto 34, mientras ellos se alimentan, yo solo cargo hidratante y avanzo, nunca más los volvería a ver. Me doy cuenta que es una buena forma de marcar diferencia, creo que todos a esas alturas de la competencia soñamos con el abasto para buscar sombra, comer y descansar un rato. Saltarse ese tiempo muerto sí que iba a marcar diferencia, claro, a costa de un gran riesgo… sobre cargar la máquina.

Según el perfil, faltaban 10 km de descenso, pero que descenso por Dios, fue complicado hasta caminar, súper técnico y para esto soy malo realmente, y peor con el cansancio que llevaba encima, me demoro una eternidad en descender al fondo de la quebrada, hasta el fondo de un rio.

La altimetría empieza a descender y con esto, eso se pone color de hormiga, ya que al acercarse el medio día la temperatura empieza a incrementarse. Llegamos al punto más bajo de la competencia y venia la cereza les pastel, 10km de subida con un desnivel similar a subir desde la occidental hasta las antenas, pero con la diferencia que los primeros 4km fueron súper técnicos, bajo un sol canicular y una extrema humedad, la pase muy mal la verdad, ese tramo fue un verdadero infierno.


En el km 74, la subida aún tenía 6 km por vencer pero ya no era técnica, era una subida idéntica al camino de las antenas, un camino de tierra, empinado y con muchas curvas. Los kilómetros empiezan a pasar factura y no puedo aplicar mi técnica de trotar 12 min. y caminar 3min., estoy tan cansado que tengo que hacerlo 5-5.

Llego al km 80 en 11h15 aproximadamente, aquí si me siento a descansar un poco, me espera 5 km de bajada y 5km de subida, el nivel técnico no tenía ni idea y deseaba que no sea alto.

Empiezo a descender y el nivel técnico es cero, bajo rapidísimo y llego a un rio, en donde había que cruzarlo con la ayuda de una cuerda, imposible no recordar que hace algunos años murieron un par de atletas en estos ríos por no sujetarse de las cuerdas, así que me aferro a la línea de vida lo más fuerte que puedo y cruzo el rio con una corriente muy fuerte. Inmediatamente al terminar, el camino se pone hacia arriba, y si la bajada fue una delicia, esta subida es un infierno, 5km extremadamente inclinados y extremadamente técnicos, miro el pace que voy y avanzo apenas a 25 min el kilómetro, si sigo así tardaré casi dos horas en llegar al km 90. Aquí el ser finisher desaparece y solo quiero terminar esta cuesta, le meto con todo, como si faltara un par de kilómetros para terminar la carrera, no puedo negar que me paso de esfuerzo y llego vacío al km 90, aquí estaba el ultimo abasto.

Tengo que hacer algo para reaccionar, quedan solo 10 km y estoy muy cansado. Comer casi no puedo, el estómago está lleno y casi no ha asimilado la comida de los dos últimos abastos. Observo un Mini Cooper con los colores de Red Bull, me ofrecen una lata y dudo si tomarla, había leído que es malo, que te acelera los latidos del corazón y muchas otras cosas más. Miro el reloj, si camino los 10km llegaré en 15h15, se me iría el sub 15h de las manos y seguro perdería mi puesto 29 que llevaba hasta ese punto. Si corro a un ritmo soportable, es decir en 1h30 los 10 km llegaré en 14h45. Decidido, me pego el Red Bull, no dejo ni una gota en la lata y el líquido empieza hacer efecto rápidamente, no empiezo a trotar, empiezo a correr.

Los últimos 10 km podríamos calificarlos como un sendero perfecto con subes y bajas ideales para que un asfaltero entrene para una maratón (tipo Chaquiñán), pero este terreno para un Trailrunner es un terreno plano. Al encontrarme en la mitad de los segmentos, aprovecho sus beneficios, como asfaltero puedo mantener ritmos altos durante poco tiempo, y como trail runner puedo afrontar estas subidas sin problema, y esto sumado el veneno del Red Bull que llevo en la sangre, más la sonrisa de mi sobrino David clavada en la memoria junto con la imagen de todos mis seres queridos haciéndome barra desde casa hacen que vuele. 


Miro el pace y de 20 min por km que tenía antes del abasto, paso a 6, 5 y hasta 4min por km, vuelo literalmente desde el km 91 en adelante, quiero aprovechar esta motivación lo máximo que pueda, paso a 5 atletas en este tramo y me coloco en puesto 24. Si bien tengo el kilometraje en el reloj, nunca lo miro, me limito a preguntar a la gente de la organización cuanto falta, unos me dicen, 3km, otros 2km, calculo y si sigo con este ritmo puedo bajar de 14h, mantengo el 5min x km. No sé por qué no veo cuanto falta en el kilometraje del reloj y avanzo mucha distancia y ni siquiera aparece el pueblo. Se terminan los subes y bajas, y viene una subida pronunciada de unos 300mts, el efecto del Red Bull pasa y me hundo a falta de 2km de meta. Miro el reloj, 14h justas pero aún falta, la cabeza da un giro brutal y no me importa nada, solo quiero llegar, me da lo mismo 14h05 que 14h59, me arrastro en la cuesta hasta coronarla.

Termino esta última subida y el alrededor cambia, ya veo casas y gente, escucho las campanas de la iglesia, ahí en donde está la meta, ahora si estoy muy cerca, pero el cuerpo y la mente no me da para más de un trotecito muy lento, atrás quedo ese endemoniado efecto de hace pocos kilómetros.

Entro a Huasca por un camino corto de piedras y giro a la derecha, y el semblante crece al ver la meta al final de la calle y mucha gente animando antes de cruzarla, se me pegan un par de niños que me extienden sus pequeñas manos en son de felicitación, choco sus manos y siguen corriendo a mi lado, al frente toda la gente hace lo mismo y no desaprovecho ni una sola mano, es el momento más feliz de día. Y cuando pensé que era suficiente, observo que al final de la gente estaba Henry y Vero gritando y saltando felices como si fuésemos amigos de toda la vida, esa expresión en sus rostros no se me olvidará jamás, nos abrazamos antes de entrar a meta,paro el tiempo en 14h17, posición 24.






Posterior a ello me entero que Vero hizo pódium entre las todas la chicas de los 42km, con lo cual nuestra participación como ecuatorianos mejoraban enormemente, que maquina niña :). Ella mismo me lleva a una mesa repleta de tacos y micheladas, pero yo sigo desenchufado, sigo corriendo mentalmente esos senderos, sigo pensando en las piedras, los ríos, las cuestas, sigo tan fuera de si todavía, que me doy cuenta que aún estoy con la mochila en la espalda hasta cuando Henry me dice “Viejo, sácate la mochila que la carrera término”.


Tiempo después llega Pablo luchando con su lesión en una forma extremadamente valiente, aguantarse 10km un dolor es razonable, pero correr así 100km es otro nivel de determinación. Este Mont Blanc nos tiene locos a todos y al final todos con los puntos que queríamos para esa carrera, y en espera que el próximo abrazo de suerte en una salida sea en Chamonix.

En resumen final, hermosa carrera, mucho mejor la compañía de Vero, Henry y Pablo. Y mucho más grande aún la motivación que me produce el apoyo de mis papis, mi novia, mis hermanas y sobre todo mi pequeño sobrino David. Si la felicidad existe, creo que la he sentido en los últimos días, junto a las montañas, mi familia y mis amigos.

Nos vemos en Chamonix... Salud!!!!



miércoles, 9 de julio de 2014

PARACAIDISMO JUMANDY

Lindo día, en una zona con poco viento haciendo el primer salto con un paracaídas 230 para probar, después he saltado con mi equipo mas pequeño y rápido (170), con una aproximación a tierra muy veloz para mi, pero sin problemas en el aterrizaje.

Gracias a mi novia por el aguante del viaje y del día en general que no solemos sentir ni hambre por estar como niños en lo que nos gusta. Muchas gracias por las fotos desde tierra mi amor.






























lunes, 30 de junio de 2014

Intentando Volver

Esta Maratón de Lima me costo mucho, van 6 semanas y recién empiezo a trotar miseros 30 minutos, la Resonancia Magnética dio buenas y malas noticias, a simple vista el Dr. identifico una inflamación de la banda iliotibial, cosa que fue cierto, pero es una inflamación menor; el problema fue que también salio un desgarre del menisco, y el doctor dice que no le hagamos caso, seguro es una vieja lesión ya que no se producen por sobre carga sino por algún movimiento brusco, y si he vivido con eso,  no se debe hacer nada, por lo menos hasta Octubre después del Ultra de México.



Entrenando bici, natación y trote en bajas cantidades estas semanas, me parece inalcanzable los volúmenes que hacia para los Ultras, los cuales tendré que volverlos a meter si quiero esos tres puntos finales que me faltan para el UTMB 2015.

Paso a paso vamos a correr.

miércoles, 4 de junio de 2014

Realmente el Ultramarathon es mas duro que la Marathon?


Es una pregunta que en el pasado rondaba por mi cabeza, sin embargo creo saber ahora la respuesta, y es NO. Creo que la Marathon es la reina de las distancias y físicamente conlleva mas esfuerzo y hasta mas destrucción que un Ultra Trail.

Cabe aclarar que es desde un punto de vista personal y como yo compito en ambas modalidades, por ejemplo, un Ultra como la Trans Gran Canaria que es muy larga y en lo personal imposible correrla toda de un solo tirón, así que ante tanta dureza de distancia y desnivel, me permito aflojar el ritmo, y no solo eso, sino que hago muchísimos kilómetros caminando, y hasta mucho tiempo parado; en mi ultra me salió según el Garmin que pase 3 horas sin moverme, y eso es mucho. Además de eso el terreno es blando y el impacto es menor.

Una vez terminado el Ultra, el dolor muscular y articular fue menos que el de un Ironman, y la recuperación mucho mas rápida, claro que habrá otros atletas capaces de ir con el cuchillo en los dientes durante 20 horas y eso definitivamente otro cantar.

Ahora, hablando de la reina de las distancias del atletismo, la Marathon, después de muchos años volví a correr una, y el entorno es muy diferente; 42km planos, y una distancia que permite ir lo mas rápido posible en el umbral, con impactos fuertes sobre concreto hace que la destrucción fisiológica sea grande, en mi caso termine destrozado corporalmente mas que en cualquier carrera de antes, ya sea Ultra o Ironman, van 15 días post carrera y aún no puedo correr 30 min consecutivos, eso si, la destrucción mental es súper inferior, en la misma carrera nunca me pregunte el típico "que hago aquí", y posterior a la carrera, a solo un par de días ya quería entrenar otra vez, pero ahora el cuerpo no me lo permitió.

Espero recuperarme lo mas pronto posible, que ya estoy inscrito en el Ultra de México para el mes de Octubre, así que hay que meter muchísimos kilómetros aunque sea a paso de tortuga.

jueves, 22 de mayo de 2014

Marathon de Lima



Previo de la carrera un poco distinto a lo que debería ser, pero algo normal para los amateur. En lugar de descasar nos hemos ido a conocer varios lugares con Gaby, que por cierto muy bonitos. Sábado en la noche ya estoy con dolor de piernas, así que me duermo temprano para intentar recuperar algo.


Domingo 18 a la carrera, había elegido esta carrera por plana y por lo tanto me brindaba mas posibilidades de clasificar a Boston, para lograr ese cupo tendría que correr a menos de 4m30 el kilometro para un total inferior a 3h10 en toda la carrera.


En la salida estoy con Gaby pero nos separamos rápidamente ya que ella corre 21 y las salidas son diferentes. Intento ponerme lo mas adelante posible y a correr se a dicho. Todo el tiempo voy concentrado en el pulso y el ritmo, el circuito es plano y voy a promedio de 4m20 el km con las pulsaciones planeadas, en cada kilometro voy viendo que la medición de la organización esta errónea ya que cada cartel de la organización se separa mas de lo que dice mi reloj.


Cruzo la media maratón en 1h30 marcada por mi reloj, pero según la organización aun faltan 500mts, paso la media en 1h32,5. Cálculos en la cabeza y terminaría la maratón en 3h05 min a pesar del error de marcación, claro, si logro aguantar el ritmo, lo cual lo veo imposible por que me siento algo cansado.

Bajo el ritmo y lo mantengo en 4m30 el km, según lo estipulado en un inicio, tengo 2,5 min de ventaja para las 3h10, que tengo que administrarlas con inteligencia. La intención seria guardarme algo para a partir del kilometro 30 apretar.


El circuito pasa por varios falsos llanos y los kilómetros me salen en tiempos variables, algunos en 4m30 y otros en 4m40, con lo cual voy perdiendo algo de mi corta ventaja. Llego al km 30 y ni hablar de apretar, estoy cansado y lucho solo para intentar mantener el ritmo, cálculos en la cabeza otra vez y veo que si corrigen el error de distancia al final entro en 3h06, si no lo corrigen entraría con las justas antes de 3h10 si logro mantener un 4m30 el km.

Km 39 y es hora de apretar, sigo con la misma expectativa, 3h06 para los 42k y con las justas si se mantiene los 500mts de error. Pero los últimos kilómetros son un falso llano que se me hace muy duro. Llego a los 42,195 km en 3h07 pero observo con horror que no solo se mantiene e error, sino que este a aumentado y me quedan menos de 3 minutos para recorrer casi un kilometro extra. Lucho como loco a 4 min el kilometro en el falso llano y me freno cuando el reloj marca 3h10 y aun me quedan unos 200mts, que decepción afuera de Boston por una mala medición, al final troto y llego en 3h11 y unos segundos mas, que tristeza después de pelear toda la carrera.


Recibo la medalla y la camiseta algo triste y decepcionado por lo sucedido y a cada corredor que veo con GPS le pregunto cuanto le marco, y confirmado, corrimos 43 km, que rabia que tenia.

Me encuentro con Gaby contenta por que le fue bien en los 21km a pesar que estaba un poco enferma, y eso me reconforta mi decepción.
 

De regreso a casa me imagino en cual maratón correr para clasificar, pienso que seguro será en USA, allá de ley miden bien, ya que clasificaría con las justas y una mala medición me dejaría afuera otra vez. Sin embargo en el aeropuerto me encuentro con un colega que corrió Chicago y me dice que también midieron mal, la decepción se aumenta; en donde puedo encontrar una bien medida? grrrr.

Pero bueno, 3h07 en 42,195km y 3h11 en 43km. puesto 62 de la general.

Una crónica un poco fría, pero eso es lo único que recuerdo, cuando voy a ese ritmo no veo ni por donde paso, solo recuerdo el pace y las ppm.

A planear un nuevo intento en un futuro cercano.

Chimborazo 6310msnm



Partimos de Quito el sábado en la mañana rumbo al Chimborazo, un viaje muy largo para la corta distancia. Llegamos al parqueadero del refugio y empezamos a caminar con todo el equipo hasta los 5000 msnm en donde armaríamos nuestro campamento. Soy muy malo para dormir encima de un foam y dentro de la funda de dormir, y peor a las 6 de la tarde cuando el sueño esta muy lejos de llegar.
9 y 30 de la noche nos despertamos para alistar la mochila de asalto a la cumbre y comer caliente por ultima vez, mi compañero de carpa es la primera victima de la altura, al despertarse esta con dolor de cabeza, nauseas, mareos constantes acompañado de desmayos. Lo evacuan inmediatamente a Riobamba, la ciudad mas cercana y con considerable menor altura de la que nos encontramos.
11h15 empezamos a caminar con dirección al Castillo que se encuentra a 5500 msnm aproximadamente. No se si lo escuche o me lo invente, pero esa parte era supuestamente la mas dura, primer gran error, todo fue un Castillo permanente.
Llegamos al Glaciar y es hora de ponerse los crampones, ahora con menos miedo a la obscuridad y al hielo, lo tomo con mas calma y empezamos a subir con Mario, un amigo con muchas cumbres en sus piernas, la elección que sea mi compañero fue casi autoritaria, había escuchado su curriculum montañero y el momento que preguntaron si ya tenían las cordadas se produjo un silencio entre todos los aventureros, silencio que fue roto al expresar que quería subir con el, sabia que con su experiencia tendría mas posibilidades de llegar y no regresar a medio camino. Y asi pisamos el glaciar 4 cordadas con la esperanza de poder hacer cumbre.
El sonido de los crampones entrando en el hielo me hipnotiza, aparte que me gusta sobre manera, es en lo único que tengo para entretenerme; no se ve nada, todo es obscuridad y solo se ve un par de metros de luz en frente propiciadas por mi frontal. A lo lejos se divisa nubes negras de tormenta con rayos incluidos, pero la dirección del viento la está llevando en dirección contraria a nosotros. Pienso que si llueve me pongo el impermeable y listo.
Vamos apenas un par de horas y ya estoy haciendo cálculos de cuanto falta, es la 1 de la mañana y faltan por lo menos unas 6 horas de una pendiente sin un solo descanso, la mente empieza a no desear estar aquí. El guía nos indica que si sentimos comezones pequeñas en cualquier parte del cuerpo lo avisemos, ya que eso es la energía cinética de los rayos de las nubes que se están acercando en caso que cambien de dirección, y por los crampones, mosquetones y piolet que tenemos, somos blancos fáciles de atraer un rayo, así que tendríamos que bajar inmediatamente.
Me sorprende la explicación y a pesar que este es un objetivo truncado por dos años y por dos ascensos fallidos, no me importa si la dichosa picazón aparece y tenemos que regresar. Y la pendiente sube y sube y sube.
Las nubes se apartan completamente, y con ella la lluvia, así que no hay problema, seguimos subiendo a pesar que vamos primeros y no vemos ninguna cordada atrás. Empieza a nevar y la intersección de la luz de mi linterna con mi mano y la nieve es digna de admirar, sobre todo para nosotros que no vemos nieve en ninguna época del año.
Llega un punto de la pendiente que es tan inclinada que uso hasta las rodillas, mi técnica no es la mejor y no hago casi nada mecánicamente, tengo que pensarlo todo para no cometer errores, dos puntos de apoyo, punta afilada del piolet hacia la montaña, y cuerda en el exterior, es lo único que pienso durante horas para no cometer un error que me podría mandar al campamento base 1000 metros más abajo.
A diferencia de cuando subí al Coto, el cerebro sigue funcionando bien y lo tengo todo claro, 100% cuerdo, pero las habilidades motrices de las piernas no parecen hacerle caso y tropiezan entre ellas un par de veces, el guía me pregunta si estoy mareado y ni siquiera le respondo, y él ni siquiera baja el ritmo, es un ritmo endiablado para mí, no se Mario como estará.
Estoy agotado y pienso como si esto fuera una carrera, en la meta, en este caso la cumbre (gran error), voy tardando casi el doble de cuando inicie en cubrir cada 100 mts. de ascenso, primer objetivo era llegar a la altura del Cotopaxi (5897msnm), siguiente objetivo, superar los 6000msnm. A partir de ahí es cubrir metro a metro, llegar  a los 6310 msnm se me hace eterno.
El amanecer nos deleita con su presencia y casi al mismo tiempo llegamos a la cumbre Veintimilla (6240msnm), eso me enteraba en ese momento, este volcán ha tenido dos cumbres, la Veintimilla y la Whymper 6310msnm, parece poca diferencia, pero el problema es que se debe descender unos 50 o 100mts para después volver a subir a la cumbre más alta.
 
A estas alturas estoy agotado, solo quiero sentarme y disfrutar de la salida del sol, le observo a Mario y compruebo por su rostro que está sufriendo igual que yo, tanto por el cansancio como por hacerlo en silencio. El guía nos explica lo que nos queda y si queremos continuar, o con la cumbre Veintimilla nos damos por hechos. Existe un silencio enorme entre los dos, creo que los dos queremos bajar pero no decimos nada. Cuando voy a proponer seguir a pesar que no quiera, Mario me gana y dice “bajemos no más”, le digo literal, que yo también quiero bajar, que no sé porque me meto a estas huavadas, que seguramente al igual que él no volveré a esta puta montaña nunca más, y ya que estamos aquí, avancemos hasta la otra cumbre. Mario no pone excusas y pregunta cuanto falta, el guía dice que una hora más; Mario se para y dice “ya que chuchas, vamos”.
Empezamos a descender entre la nieve que ha formado un tipo de olas o laberinto, que se resquebrajan cada que se lo pisa, las piernas se hunden en la nieve y sacarlas de ahí en el agotamiento que estamos es muy complicado.
Poco a poco nos acercamos y esto ya está, después de tanto padecer ya tenemos la cumbre segura y mientras escalamos los últimos metros la emoción me invade y se humedecen los ojos, eso suele suceder pocas veces, así que si pasa, es un buen indicador que esto ha valido la pena.
Disfrutamos de la cumbre unos 30 minutos, con Mario estamos destrozados y nos viene lo peor, nuestros cálculos y fuerzas estaban enfocados en llegar a la cumbre, nos habíamos olvidado que debíamos guardar fuerzas para el descenso que serán otras 3 horas. Prácticamente no puedo ni caminar, arrastro mis botas y mi piolet, el líquido hace horas que se congelo y solo me quedan unos cuantos frutos secos que los ingiero en esperanza que me den algo de fuerzas.
Lo admito, soy un ango para la altura, nunca me da el más mínimo de los efectos, ni siquiera cuando vivía a nivel del mar y venía a las alturas de vez en cuando, pero ahora, sobre los 6300 msnm siento los efectos, me duele la cabeza y me siento mareado, parece como si el casco se hubiesen achicado y me apretara sobre manera. Empiezo a pensar que no puedo bajar, habrá helicópteros de rescate?, si me paro y no bajo pueda que tenga un mal de altura peor, así que aunque rodando tengo que descender, y otra vez a bajar un poco y volver a subir a la Veintimilla. Me empiezo a putear por estar aquí y la típica jurada que no volveré nunca más.
 
La vista es preciosa, aunque la pueda admirar solo los pocos minutos que paramos a descansar, estamos muy cansados y solo queremos llegar; los tobillos por la inclinación y los movimientos que no estoy acostumbrado me duelen considerablemente, teniendo que cambiar de lado a cada rato.
La concentración que tenía en la subida ha desaparecido, la peligrosidad es la misma pero empiezo a bajar con pasos casi normales, si funciona el Crampón bien, sino también, el guía me ha de frenar y no permitirá que vaya a parar en la carpa 1000 metros más abajo, es lo incoherente de mi pensamiento en ese momento. Me caigo un par de veces, pero me freno automáticamente con el piolet, lo cual me da seguridad para seguir bajando como año viejo.
El Glaciar se va terminando y escuchamos un fuerte ruido, podemos apreciar a unos 200 mts una avalancha de piedras, la más pequeña del tamaño de una mesa de 8 personas, cualquiera de ellas funcionaria como un mata moscas en contra de nosotros si pasábamos unos minutos antes. Como es obvio, nos ponemos pálidos ante eminente riesgo, y es de asombro como el guía y hasta yo que era el más cansado empezamos a correr en pleno descenso, entre piedras y nieve.Un pretexto más para pensar que no voy a volver más.
Llegamos al campamento y esto no ha terminado, toca desarmarlo y cargar con todo por lo menos una hora más, hasta donde está la buseta que nos llevara a Quito. Si en este punto alguien me pedía las botas y crampones, le regalaba sin dudarlo.
Horas después empezamos a conversar de las vivencias realizadas y nos enteramos que fuimos la única cordada que llegamos. Ya en la calma parece que todo valió la pena y el cerebro se cura rápidamente y empieza a pensar en el Cayambe.
He tenido quizás las frustraciones más grandes en la alta montaña, han sido dos años estancado y sin conseguir ninguna cumbre, primero fue el Cotopaxi, cuando perdí un Crampón y me toco descender cuando faltaba muy poco, después fue el Antisana cuando con todo lo listo, ni siquiera pude encramponar. Pero alcanzar la cumbre del Chimborazo, la elevación más alta del Ecuador y con un nivel tecno alto, me ha llenado de mucha alegría y orgullo después del cansancio y los sustos pasados.
Próximamente el Cayambe, la tercera elevación más alta, pero al igual que el Chimborazo muy técnica, a limpiar las botas y a buscar un sistema de hidratación que no se congele.