domingo, 28 de octubre de 2007

POR QUE SOÑAR CON HAWAI?

Hawaii es y será el sueño de todos los IRONMAN del mundo, y será el mio propio por muchos años más o quien sabe por el resto de mi vida. Por que soñar con ir a Hawaii? Sencillamente por esto:

Por Pablo Cabeza,

Ya solo quedan dos dias, dos dias para la prueba mas importante del Planeta.

Si alguna vez en mi vida pense en dejar de hacer deporte, dejar el triatlon, es aqui donde me doy cuenta de que eso es imposible, aqui se justifican todos los esfuerzos de la vida, los entrenamientos en solitario y la incompresion, a menudo, de tu entorno. Estar aqui es , como para un nino, estar en DisneyWorld.

El dia de ayer fue ya muy tranquilo, como lo seran los proximos. Un poco de bici por la Highway, muy relajados, para hacer algunas fotos y un pequeno video en la Entrada del Energy Lab;una carrera posterior de 20 minutos bajo un sol abrasador.

Hoy me desperte muy temprano, sobre las cinco a.m. y a las siete ya estaba en las calidas aguas del Pacifico despertandome del todo. Para hacerlo totalmente, nada mejor que nadar hasta un tipico trimaran polinesio, a unos 700 metros del Pier, y alli degustar un vaso de Gatorade, o un cafe expreso, alli en medio del Pacifico, sin salir del agua, esta es una de tantas experiencias increibles que pueden aqui vivirse; nada mas tomar el cafe, vuelta al muelle , totalmente repleto de inquietos triatletas de todo el orbe, que apuran sus entrenamientos.




Hoy, en el desayuno, ni mas ni menos que cuatro leyendas del Ironman tomaban cafe en una mesa contigua, dos de las parejas mas afamadas del multideporte: Paul Huddle y Paula Newby, y por otro lado Roch Frey y Heather Fuhr. Ellas, vencedoras aqui, Heather en el 97 y Paula, la IronLady, en ocho oportunidades. Ya retiradas, disfrutan de estos dias viviendo Hawaii , viendo los toros desde la barrera.

Para esta tarde, uno de los ultimos ritos, la cena de la Pasta, manana check-in y los nervios a flor de piel.
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Me he sacrificado. He perseverado

Estoy preparado.

Este fue mi mantra. Me lo repetía una y otra vez. Había deseado mucho volver allí, sentir la atmosfera única, el olor especial de Kona. Nunca pensé cuando me marchaba en el 98 que, por un lado, me costara tanto volver, y por otro, que deseara tanto hacerlo.

Desde el 2004 he vivido con Hawaii de nuevo en mi cabeza y hasta este 2007 no conseguía llegar aquí. Por eso, cada instante, cada sensación, cada novedad, he tratado de vivirlas al máximo y por supuesto el día 13 de octubre era ese día tan especial y esperado.

El colofón de gran parte de mis sueños de triatleta están en esta carrera. Esta prueba es grandiosa, diferente, inexplicable. No puedo hacer una crónica, ni debo, pues no sería capaz de explicar el aluvión de sentimientos y sensaciones vividos. Trataré de hacer más gráfico mi día con imágenes y comentarios.

Cada día , un poco de lo vivido. Ahora, la mente todavía duda después del largo viaje de vuelta.

EL DIA ESPERADO

Este amanecer viene de lejos; de muy lejos, como un velero enmedio de la nada. Sombras estiradas, infinitas, emocionantes, se recortaban en el horizonte, cada una de ellas con una gran historia, un nombre. Leyenda en cada cuerpo esculpido por el cincel del esfuerzo; músculos ahora en vigilia, alerta, expectantes.

En esos momentos, sentía mucho. Me imaginaba a mis seres queridos muy lejos , pero pendientes de mi. Tumbado junto a otros compañeros, en el cálido suelo al borde del océano, aguardaba. Soñaba. Pensaba si al día siguiente, en el suelo, seguirían mis huellas perdidas, y en el fondo de las mismas, aquellos granos de arena.

Cierro los ojos. Visualizo 140,6 millas, intentando sentir paz. Lo consigo. Abro los ojos. Entre las montañas y las palmeras, veo sonreir la gracia del cielo en forma de sol. Yo quisiera, ahora, estar allá arriba, ver todo desde allí... pero sigo aquí. La sombra coquetea con la luz y , todos, estamos preparados.

EMPIEZA EL SUEÑO
Cañonazo. Fuego en la mañana. Veo mil burbujas, huracán desatado. Siento desniveles, montañas en forma de ola y un horizonte de brazos. El agua me abraza , me envuelve y lucho por crearme un vacío líquido. Siento más oxígeno que otras veces en mi pulmones y mis brazos abren camino. Sólido y flexible.

Sólido: los brazos como piedras inamovibles, como monumentos , indestructibles, pétreos.

Flexible: Escurridizo, como la anguila, inteligente, en búsqueda de mi burbuja, maleable, como goma, ajeno a la batalla.

Eso pienso , sigo adelante y sigo en paz, me proyecto hacia adelante, busco el barco a lo lejos, Estilo laborioso. Los aduladores dirían que tengo un nado voluntarioso. Lo se. Pero aún así, sigo en paz, me fundo con el océano y busco la playa.

He nadado y mi fuerza no reside en los brazos; nace del alma, como el amor.


Llego al muelle y sigo metido en la lavadora. Necesito sentirme envuelto por el aire y lucho por mi abrigo de viento y sol. Corro por una verde alfombra, y siento como el vientre se contrae y los saltos del corazón. Luego me siento y todo se apacigua, aunque escucho gritos de pura guerra y henos a todos aquí, casi inmóviles, plenos de emoción en ese instante. El reposo es también movimiento.

Salto sobre la bici entre gritos y rayos de sol. Cuesta arriba, Palani Road, y a la derecha Kahalu'u y vuelta por una ratonera desconocida, un aperitivo previo a la Queen K. Pedaleo con ganas y a la vez reserva, buscando el bendito espacio intacto; sabéis de qué hablo.






A la Highway 19 la conozco , y la hablo. Trato de entender los susurros del viento . Una luz insolente roza la parte superior de nuestros cascos, plantando en cada uno de ellos una lengua de fuego. La hora tiene ya mil colores;la vida parece haberse detenido.

Mas adelante nos espera Eolo con fuerza desatada; en Kawaihae, la fuerza del viento nos lleva al centro de la carretera, con rachas febriles y luchamos con todas las fuerzas para controlar la bicicleta. Juego al ataque, a la defensiva, conservo las fuerzas, intento encontrar mi interior, mis sensaciones. Confianza en mi mismo; y sin recompensas. En el verdadero deporte no existe lo que la gente de a pie entiende como recompensa, pero, ¿dónde cabe encontrar lo que aquí se halla?

Viento y calma. Sol y hasta conato de lluvia en Hawi. La vida hermosa se debe siempre a la condición de las fuerzas opuestas . Felicidad, sufrimiento, sabiduría, locura, conocimiento, despreocupación... todo ello me pertenece y quiero tenerlo todo, porque todo es bueno en mi caso y nada lo bastante superfluo.Quiero vivir todas las vidas , todas mis vidas, con intensidad y a la vez desapego.

Sufro hacia Hawi; soy feliz desplegando mis alas , a la vuelta, entre Kaupulehu y Makalawena, aunque a menudo el viento frontal me torture. A veces miro hacia el suelo y aprieto fuerte los dientes, imaginando el gentío ,la apoteosis allá, junto al Kailua Pier, directo hacia el tercer acto.

Entro en boxes. Esto si es una sauna y no la de mi gimnasio. Para paliar el calor, un voluntario pone sobre mi espalda una toalla húmeda y muy fría, que agradezco; estoy mareado y tardo más de la cuenta en cambiarme.

He trocado ahora el tono de mis palabras. Por qué?? La marathon es más prosaica, porque en el esfuerzo no hay angel del cielo que te ayude, sino todas las fuerzas terrenales.

¿Que hace que la carrera a pie de Hawaii sea tan impresionante?? Una de las razones es el escenario. El Alii Drive, la subida ó bajada final del Palani Road,los campos de lava, el Energy Lab,( un lugar de magnetismo especial que determina finalmente la carrera).

El viento,la temperatura, la humedad, se suman a todos los demás factores y hacen del recorrido un desafío continuamente cambiante. Es un trazado que se puede superar, pero nunca vencer. Si se toman las necesarias precauciones y se corre leyendo perfectamente las sensaciones y anticipándose al desfallecimiento, se puede hacer una carrera honrosa y hasta brillante;si se afronta como un reto frente al cronómetro, resultará que acabaremos indefectiblemente derrotados.

Por eso, pese a que mi carrera no es brillante, voy superando corredores. Primero en el Alii Drive. Animo a mis compañeros españoles , algunos a los que supero y a otros con los que me cruzo. La brutal colina del Palani Road consigo coronarla a tramos andando. A mi vuelta, tras el infierno del Energy Lab, veo la espalda de Rutger Beke, absolutamente vencido por el trazado. Camina.

Pero sin duda,una de las claves finales son las dos colinas que preceden a nuestra entrada en Kona: allí, te derrumbas ó te mantienes. En la primera, yo me mantuve, superando a muchos rivales; en la segunda, me derrumbé, (en la misma colina en la que lo hizo Dave Scott en el 89) y a duras penas alcancé la cima, justo la antesala del descenso final por el Palani.De haber un momento de la verdad, es sin duda este.

Dos curvas a la derecha, tras el tormento de las colinas y llegas al Alii Drive en la última milla, lleno de un nuevo ímpetu desconocido.En la recta final, entre banderas, gritos, decenas de manos tendidas,lo que anteriormente había sido dolor era ya una cálida sensación gozosa. Lo mejor de todo son los últimos doscientos metros, cuando escuchas tu nombre. Has dejado atrás el dolor. Conquistas y te adentras en un nuevo mundo.

Atardece, pero para ti amanece. Naces a una nueva vida que, ahora, comienzas a vivir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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